LA INCULTURA DEL EQUIPO DE GOBIERNO ATENTA CONTRA EL PATRIMONIO ARTÍSTICO DE GUADIX.

Destrucción del grafiti colectivo en la calle Federica Montseny, antiguo Centro de Salud.

Ha vuelto a pasar, hemos perdido un elemento artístico y patrimonial más, y esta vez no es el pasar del tiempo, la falta de medios o alguna catástrofe natural la que nos ha robado una de nuestras joyas.

Ha sido una decisión muy poco acertada la que lo ha hecho. Esta vez el desconocimiento, la falta de interés y el desapego por el trabajo de un sector de la ciudadanía de Guadix nos ha llevado a ver desaparecer de un plumazo, o, mejor dicho, de un brochazo una de las partes de Guadix, que pese al abandono generalizado que sufre la ciudad, aún nos arrancaban una sonrisa al pasar.

Una sonrisa porque, aunque solo fuese por un momento, podíamos permitirnos el lujo de equiparar Guadix a grandes urbes cosmopolitas. Sí, a esas que ansiamos viajar, como París o Nueva York, donde artistas son comisionados para crear lo que una de nuestras asociaciones culturales nos regaló hace unos años. Y no estoy exagerando en absoluto.

Los artistas de proyección internacional ‘Belin’ o ‘El niño de las pinturas’, que, junto con nuestros artistas locales, crearon una obra colaborativa, de las que vemos pocas, todo sea dicho de paso, merecen una disculpa, pero por encima de todo, una explicación.

Y la merecen porque impunemente les ha sido arrebatada una de sus obras de arte, y sí, decimos obra de arte, porque el grafiti, por mucho que le pese a mentes más cerradas, es un arte, que por cierto mueve millones en la industria.

Guadix es una ciudad que creíamos sabía reconocer el arte, no han pasado muchos días desde que tuviese lugar el certamen de pintura rápida o de que el alcalde clausurase el curso de acuarela en la Fundación Visconti. No debería haber, ni en arte, ni en ningún ámbito social, clases o privilegios.

También merece, la disculpa, el resto de la ciudadanía, porque quienes fueron elegidos para proteger sus intereses sociales, económicos y patrimoniales han sido los mismos que han ejecutado la ofensa.

Nos sirva este momento como uno de inflexión para que la corporación actual se replantee su forma de actuar en temas patrimoniales y tienda a su vez la mano a un sector de la población, que, además, es el futuro artístico de nuestra ciudad.

Que sea esta catástrofe una lección y que algo positivo derive de toda esta lamentable situación. Que aprendamos que no todos los muros pintados son vandalismo, que hay valor, trabajo y esfuerzo tras esos trazos que llenan de color y mensaje las calles por las que a diario paseamos.

Es trabajo de todos proteger nuestro patrimonio, debemos hacerlo mejor o de lo contrario estamos perdidos.



Nos quedará en el recuerdo gracias a los materiales gráficos que se conservan.

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